Las altas temperaturas, distintas enfermedades, entre otras cosas pueden ser causantes de la deshidratación, un mal que nos pone en peligro de correr un mal mayor si no revertimos el cuadro. Los niños y adultos mayores son los más propensos a sufrirlo, por eso es importante estar atentos sobre todo en esta época del año y saber de qué se trata para evitar la deshidratación.

Comencemos por el principio. ¿Saben qué es la deshidratación? Es el estado resultante de una pérdida excesiva de agua del organismo que ocurre cuando usas o pierdes más líquido del que ingieres, y tu cuerpo no tiene suficiente agua y otros fluidos para llevar a cabo sus funciones normales. Si no repones los fluidos que perdiste, te deshidratarás. 

Las altas temperaturas y los cambios de hábitos hacen el verano la estación con mayor riesgo de deshidratación. El agua es fundamental para el equilibrio de nuestro organismo, más del 70% de nuestro cuerpo está compuesto de agua. Hay diversos síntomas según la edad:

Lactantes o niños pequeños: 

  • Boca y lengua secas
  • Llanto sin lágrimas
  • No mojar los pañales durante tres horas
  • Ojos y mejillas hundidos
  • Zona blanda en la parte superior de la cabeza (fontanela) hundida
  • Irritabilidad

Adultos:

  • Sed excesiva
  • Micción menos frecuente
  • Orina de color oscuro
  • Fatiga
  • Mareos
  • Confusión

No siempre existe un indicador temprano confiable de la necesidad de agua del organismo. Muchas personas, en especial los adultos mayores, no sienten sed hasta que están deshidratados. Por eso es importante aumentar la ingesta de agua cuando hace calor o estás enfermo.

El conjunto de estos síntomas puede provocar falla multiorgánica y cuadros severos que requieren hospitalización. Efectos de la deshidratación:

  • Náuseas
  • Vómitos
  • Mareos
  • Desmayos
  • Cefaleas 

En ciertas ocasiones, la deshidratación ocurre debido a razones simples: No bebes lo suficiente porque estás enfermo u ocupado, o porque no tienes acceso a agua potable que puedas beber con seguridad cuando viajas, practicas senderismo o acampas. Dentro de las causas de la deshidratación también encontramos: 

  • Diarrea o vómitos: pueden provocar una enorme pérdida de agua y minerales.
  • Fiebre: cuanto más alta es la fiebre, mayor deshidratación. Empeora si tienes diarrea y vómitos.
  • Transpiración excesiva: Si realizas actividades físicas enérgicas, si hace calor y hay humedad, transpiras más y pierdes más líquidos.
  • Mayor necesidad de orinar: Ciertos medicamentos como los diuréticos o para la presión arterial hacen que tengas una mayor necesidad de orinar y provoque deshidratación.

Factores de riesgo

Si bien todas las personas pueden deshidratarse, algunas corren más riesgos. 

  • Bebés y niños: tienen más probabilidades de sufrir diarrea y vómitos, por lo que son más vulnerables a la deshidratación. La superficie corporal de un niño en relación con su peso es mayor que la de un adulto, los niños también pierden una mayor proporción de líquido en caso de fiebre alta o quemaduras.
  • Adultos mayores: a medida que creces, la reserva de líquidos de tu cuerpo se hace más pequeña, tu capacidad de conservar agua se reduce y la sensación de sed se hace menos fina. 
  • Personas con enfermedades crónicas: tener diabetes no controlada o sin tratar aumenta el riesgo. Las enfermedades renales, la demencia e incluso tener un resfrío o dolor de garganta te hace más vulnerable porque tienes menos ganas de comer o beber cuando estás enfermo.
  • Personas que trabajan o hacen ejercicios al aire libre: cuando hace calor y está húmedo aumenta el riesgo de deshidratación y las enfermedades causadas por el calor. Esto se debe a que cuando el aire está húmedo, el sudor no se evapora y te enfría con la rapidez que lo hace normalmente, y esto puede provocar una mayor temperatura corporal y la necesidad de beber más líquido.

La deshidratación puede derivar en complicaciones graves 

- Lesión por el calor. Si no tomas el líquido suficiente al hacer actividad física y transpiras mucho, puedes tener una lesión como calambres musculares leves, desgarros, hasta agotamiento por el calor o un golpe de calor que puede poner en riesgo tu vida.

- Problemas renales y urinarios: la deshidratación prolongada puede causar infecciones urinarias, cálculos renales o insuficiencia renal.

- Convulsiones. Se puede producir contracciones musculares involuntarias y a veces pérdida de conciencia.

- Choque por volumen sanguíneo bajo (choque ipovolémico): Es una de las complicaciones más graves y puede poner en riesgo tu vida. Ocurre cuando un volumen bajo de sangre provoca una disminución en la presión arterial y en la cantidad de oxígeno en tu cuerpo.

Prevención

Para prevenir la deshidratación, bebe mucho líquido y consume alimentos ricos en agua, como frutas y vegetales. Es posible que las personas tengan que consumir más líquidos si padecen afecciones como las siguientes:

- Vómitos o diarrea: comienza a tomar más agua o una solución de rehidratación oral.

- Ejercicios extenuantes: Comenzar a hidratarse el día anterior a realizar ejercicios. Producir mucha orina clara y diluida es una buena indicación de que estás bien hidratado. 

- Tiempos calurosos: Debes beber más agua en tiempos calurosos o húmedos para ayudar a reducir la temperatura corporal y a reemplazar lo que pierdes con la sudoración. 

- Enfermedad: Los adultos mayores se deshidratan con más frecuencia durante enfermedades menores como influenza, bronquitis o cistitis. Asegúrate de beber más líquidos cuando no te sientes bien.

Otra forma de estar hidratado es consumir ciertos alimentos que cuentan con una gran cantidad de agua por lo que decimos que el agua también se “come”. Entre los alimentos, estos son los mejores aliados:

  • Sandia 92% de agua
  • Naranja: 88% agua
  • Kiwi: 83% agua
  • Manzana: 86% agua
  • Hojas verdes: la lechuga y la espinaca son 95% agua 
  • Tomate: 94% agua
  • Pepino: 96% agua. Se recomienda consumirlo crudo.

¿Por qué tomar agua? Beneficios de estar hidratados

  • Mejora la digestión, reduce el estreñimiento, desinflama y previene infecciones urinarias.
  • Ayuda a asimilar mejor los nutrientes de los alimentos y mejora el metabolismo en general.
  • Piel hidratada, tersa y luminosa. 
  • El agua lubrica nuestras articulaciones y es el componente de nuestros músculos.

Según las guías alimentarias para la población argentina, necesitamos consumir 8 vasos de agua por día, aproximadamente 2 litros. Esto varía un poco según la composición corporal de cada persona, la actividad física que realice y en qué época del año estemos. El primer vaso es al despertar, para activar el metabolismo. El último vaso es antes de dormir, porque ayuda al proceso de limpieza que hace nuestro cuerpo mientras descansamos. Se recomienda tener siempre a mano una botella con agua.